lunes, 5 de agosto de 2013

¿La vivienda es un derecho? El Poblado de Absorción de Fuencarral B de Alejandro de la Sota


¿La vivienda es un derecho o un producto? Esta pregunta es obligada para aquellos que participamos en el proceso constructivo de la edificación residencial, y nos lucramos con ello. Pero, cuando uno ve la ola de desahucios que está asolando nuestro país, pasa a ser un tema de debate común, y para los que trabajamos de ello, una reflexión acerca del papel social que debe tener la arquitectura y el urbanismo. 

En el mundo del libre mercado, se ha apostado por un modelo estatal de poseedores, un país de propietarios. En el que el juego del intercambio abre la vía a la especulación y el negocio. Pero, el hecho de acceder a una vivienda se ha convertido en el problema de todos. La mayor parte de la población acaba hipotecándose y se pasa media vida pagando su casa. Acceder a una vivienda por parte de algunos sectores (jóvenes y clases desfavorecidas) supone un auténtico quebradero de cabeza, en el sector que más trabajo y riqueza ha dado a nuestro país (junto con el turismo)

El estado normalmente ha funcionado de intermediario para que las personas que no puedan acceder a una vivienda, lo hagan. Pero con este “crack” inmobiliario, hemos llegado a situaciones surrealistas que se escapan de toda lógica. Somos un país con un enorme stock de viviendas vacías, pero se siguen echando a la gente de sus casas por no poder pagarlas, y esto sucede solo unos años después de que numerosas administraciones hiciesen una abultada inversión en vivienda pública, que luego sus efectos no han sido tan beneficiosos como se creían. ¿Por qué modelo apostamos? ¿En que hemos fallado?

Vamos a  analizar un caso que nos demuestra la actitud que se ha tenido por parte de la administración en estos temas. Nos trasladamos para ello a los años 50 del siglo pasado. Una época que nuestro país vivió como un ligero despertar. Una recuperación del sistema económico, propiciada por el aperturismo al exterior, el cual permitió que empresas extranjeras invirtiesen aquí. El desarrollo se notó en las ciudades, no así en el campo, que siguió más atrasado. Esto propició un éxodo masivo del campo a la ciudad, en especial, de zonas de Castilla y Andalucía, a Madrid y Barcelona.

Centrémonos en Madrid. La ciudad fue incapaz de absorber todo este flujo de población, incesante y creciente. Había trabajo en Madrid, pero no viviendas suficientes, y estas no eran asequibles. La gente no podía dejar pasar la oportunidad de trabajar por un salario, algo mucho mejor que trabajar por un jornal en el campo. Se generaron los famosos poblados chabolistas de los años 50 en los corredores de entrada a la capital, por lo general, se llenaban de gente que llegaba por esas carreteras y caminos, así la Latina se llenó de extremeños, el Pozo de andaluces y Fuencarral de Burgaleses y otra gente del norte. Que no nos confunda el término chabola, poco tiene que ver con las actuales de La Cañada Real. Las chabolas eran instalaciones precarias donde vivía gente sencilla que venía del campo, nada más.

La situación se descontroló a medida que el país se iba abriendo al exterior. Interesaba dar una imagen de Madrid como ciudad moderna, que despertaba y crecía. Los poblados de los alrededores restaban atractivo comercial a la ciudad, cosas de la imagen. El Instituto Nacional de la Vivienda y la Obra Sindical del Hogar, decidieron paliar este problema con la construcción de numerosos poblados de absorción y realojo.

Un modelo de urbanismo y vivienda económica y barata que permitiera a las clases más humildes conseguir una vivienda. Para ello se encargaron a dos arquitectos la redacción de dos poblados en el distrito de Fuencarral, El Poblado de Absorción A obra del genial arquitecto Sáenz de Oiza y el Poblado B, obra del también genial Alejandro de la Sota (padre, claro) en el que nos vamos a centrar.

Proyectado en 1956, partía con el objetivo de ser una célula autónoma. De la Sota tuvo muy encuentra para quien construía y de los pobres recursos que disponía. Su intención inicial era aunar el modelo de vida rural y el moderno urbanita, facilitando así la integración y la adaptabilidad de sus habitantes. Parece algo tan lejano hoy en día, por parte de arquitectos, constructores y promotores, construir para las personas y no para los clientes.

Viviendas unifamiliares de dos plantas, dispuestas en pequeñas hileras, respetando desniveles y creando terrazas y plazas. Numerosos puntos de encuentro vecinal, más propios de un entorno rural que de uno urbano, que funcionaban adecuadamente y enriquecían socialmente el conjunto. Las viviendas eran de tamaño reducido, pero se pensó en dotarlas de un pequeño patio a modo de huerto para ayudar económicamente a las familias a llegar a fin de mes. Con muy poco esfuerzo, se puede ayuda mucho. En la planta baja se distribuía la zona de estar y los dormitorios se organizaban en ambas plantas. La línea de edificación se orientaba hacia una arquitectura más contemporánea, volúmenes limpios y fachadas blancas, recuerdan a la arquitectura moderna de los años 30, pero también a los pueblos blancos del sur peninsular. Un híbrido entre ciudad-jardín y pueblo blanco. Una arquitectura austera y eficaz, construida con materiales muy básicos y la mano de obra de los propios habitantes, que pagaban parte de su casa ayudando en su construcción en sus pocos ratos libres. 

Lo más importante, es que es una arquitectura bien pensada, cargada de valores éticos. Totalmente opuesto a la arquitectura de “egos” que se fomenta desde cierta escuela de cierta capital. Una arquitectura para las personas, no para un cliente ni un mecenas. Y el resultado, es además, una obra interesante a nivel artístico. No veo a Foster, Zaha o cualquier arquitecto de los de AV haciendo algo a este nivel.


A nivel administrativo se planteaba lo siguiente. El gobierno realizaba la construcción de las viviendas, y se dejaba que sus residentes la pagasen en un plazo de 50 años con unas mensualidades razonables, ya que su situación económica seguía siendo baja. Esto les permitía poder progresar económicamente, y conseguir tener una vivienda en propiedad. La vida continuó cómodamente en el barrio, las zonas vecinales hicieron el efecto deseado, se creó una asociación de vecinos con mucha actividad, en donde todos participaban. La gente cultivaba en su huerto, y se compraban cosas en comunidad. Vivían como en un pueblo, a escasa distancia de donde hoy están las “4 torres”

Pero llegaron los problemas derivados de su construcción. Teniendo en cuenta el estado precario en el que se construyeron, era evidente que habría problemas constructivos. Las rehabilitaciones costaban mucho dinero, algo que algunas familias de clase baja (que ya por esas fechas, la mayoría eran jubilados) no se podían permitir. Pidieron ayuda a la administración, en este caso a IVIMA dependiente del ayuntamiento y la comunidad de Madrid. Pero sus planes eran otros…

¡Llegó la gran época! Aquella en la que construíamos más que Francia, Alemania e Italia juntas, ¿se acuerdan? Pues los vecinos del Poblado Dirigido B de Fuencarral sí. El Ayuntamiento tenía allí un espacio muy jugoso, cerca del metro y con unas casas que se caen. Faltaba poco para llegar a los 50 años, por lo que no hubo problemas. El Poblado A se derribó entero. El Poblado B consiguió resistir porque algún vecino había llegado a pagar su casa del todo. Pero no es problema, al derribar algunas casa de las hileras, el resto resultaron dañadas, y hubo que derribarlas por ruina. A día de hoy solo quedan 4, y los vecinos vigilan con recelo que se acerque cualquier desconocido, pues no quieren inspecciones de técnicos del ayuntamiento.

Mientras el Poblado A hoy es ocupado por vivienda social (ya que por su calificación, no se le puede cambiar de categoría ni de altura, para desgracia del IVIMA), los realojados están hoy en bloques cercanos, a los que se les obliga a pagar un alquiler social mucho más alto que su cuota mensual. Lo peor no es eso, lo peor es que perdieron su casa, la pagaron a fondo perdido.

Nos encontramos en nuestra visita a la zona, con Rosa, una anciana que se mueve con andador. Nos cuenta entre lágrimas como se pasaron 48 años pagando una vivienda que finalmente, no fue suya. Como ahora tiene que pagar mucho más, por una casa mucho más pequeña, y como a su avanzada edad y deteriorado estado de salud tiene que hacer frente al cuidado de su marido y al paro de su hijo, que ha tenido que volver con sus padres porque le desahuciaron.

Resulta incomprensible que un gobierno totalitario fascista se preocupara más en dar oportunidades de vivienda y más apoyo social a sus ciudadanos que un alcalde elegido democráticamente (y al que hasta hace poco, la mayoría creía que era el más moderado de su partido). Es inhumano que todo el esfuerzo que se ha hecho para que las clases bajas puedan integrarse y pasen a ser clases medias, y poder aspirar a una vida más cómoda, se tire por el retrete porque ahora “no resulte rentable”, ¿acaso lo era en los años 50? Pues diré que paradójicamente sí, resulta rentable y mucho. Una familia que no tiene nada, no consume, y eso arruina a un vendedor, que a su vez arruina a otro, etc. 

Pero resulta más comprensible si tenemos en cuenta que dejamos que una persona pague su casa durante 10 años, se quede en paro, no pueda seguir pagando, y le echen de su casa. Pero no sólo no le devuelven lo que ya ha pagado cuando se la quitan, sino que encima tiene que seguir pagando por algo que ya le han quitado… ¿Pero esto qué es? ¡Ni siquiera es libre mercado! En un liberalismo absoluto, eso que tanto defienden muchos del gobierno madrileño, el que le va mal un negocio, se jode y se aguanta. Y si al banco no le ha salido bien la jugada de dar créditos por doquier, ¡se jode! No se le sanea con dinero público, y encima se redactan leyes para que nunca jamás puedan perder dinero dando créditos. ¡Qué guay! Yo como empresario que soy, quiero que el estado me sanee cada vez que me quedo sin dinero, y si hago un mal negocio, quiero que me devuelvan lo que he vendido, ¡y que me sigan pagando! 

Pero los negocios así, ahora se llevan mucho. Como montar un colegio concertado. Tu construyes el colegio, y la comunidad te paga y encima te consigue a los alumnos. No hay posibilidad de perder dinero, ¿es eso libre mercado? ¿Es eso capitalismo? Para nada, ni capitalismo, ni comunismo, eso tiene un nombre CLEPTOCRACIA

Al margen de los privilegios de los que ya hemos hablado, sigue abierto el debate. ¿Es la vivienda un derecho o un objeto de negocio? Creo que es algo que se podría equiparar a otras necesidades, como la comida o el transporte, un objeto de negocio, pero con unos mínimos garantizables. Y una buena forma de garantizarlo es, por parte de los profesionales del sector, trabajar siempre con una base ética, que permita hacer más fácil la vida de los residentes. Construir para personas, no para clientes.


P.D. Aunque no es mi intención equipara un problema con el otro, el derribo del conjunto, supone además un gravísimo atentado contra lo que debería ser patrimonio público. Un ejemplo para las futuras generaciones de profesionales de la arquitectura de cómo hacer las cosas.



Texto, cuarta fotografía y primera viñeta realizadas por RyR para el blog Las Dos Sombras. 
Ningún derecho reservado (pero si copias, ¡cita la fuente, cabrón!)

miércoles, 3 de julio de 2013

El país que se quedó sin "ideas". Fuga de cerebros/Recorte en I+D/Educación en España (Ley Wert)



Se habla mucho de un fenómeno muy presente en países que, aunque son desarrollados, y tienen un nivel de vida bastante aceptable, no logran retener en sus fronteras a los mejores expedientes y a las mejores “cabezas” nacionales. Este fenómeno, conocido popularmente como “Fuga de cerebros”, es un autentico quebradero de cabeza para muchos gobiernos (En Nueva Zelanda es un autentico problema nacional, ya que pese a tener uno de los PIB per cápita más altos de mundo, no logra posicionarse como un país atractivo para las grandes mentes). Pero, ¿es necesario tener a las mejores mentes para progresar más? Parece que sí, pero no son sólo mentes las que se fugan.

Uno de los grandes problemas de nuestro país es la excesiva burocracia que colapsa a los emprendedores y a las empresas. Un sistema que sirve para controlar los posibles excesos de empresarios particulares (algo positivo), pero este sistema regulador es un caos. No ayuda, y su poca eficiencia sólo retrasa y le resta a nuestro país, el atractivo de invertir (aunque para grandes empresas, esta carencia esta solventada por muchas exenciones fiscales). Al final, los perjudicados son “los de siempre”, la clase media que pretende abrir un pequeño negocio, y en especial aquellos que tienen una idea novedosa y arriesgada. Estos huyen en busca de un amparo, que no tardan en encontrar. Ya que, como dice la Biblia, “bienaventurados sean los que tengan una idea de negocio novedosa y arriesgada, pues de ellos será Silicon Valley”

El problema de esta emigración debería designarse como “fuga de ideas” que es, mucho más perjudicial que la “fuga de cerebros”. El problema es que el gobierno no tiene interés en apostar por ideas novedosas, que ve con recelo, y prefiere apostar por sectores “ya consolidados” que han demostrado tener una rentabilidad a corto plazo, y que cada 20 años estallan en una crisis (construcción, turismo,…). Estos sectores necesitan a gente con poca formación, ya que ni siquiera se quiere innovar en estos sectores (se lo digo yo que soy arquitecto: los edificios cuando la burbuja se hacían igual que hace 50 años). Pero el problema no es sólo este. Cuando por fin, el que tiene una idea buena, la consigue llevar adelante… Viene Microsoft (es un decir) y se la compra por un precio muy inferior al que la empresa puede llegar a tener. La otra opción para el propietario, es continuar a duras penas con ella. Las trabas burocráticas, el escepticismo hacia lo novedoso (que hay muchísimo en nuestro país) y la falta de inversores, obstaculizan que cualquier empresa mediana o pequeña, de corte innovador e investigador pueda consolidarse y dar un salto al mercado internacional. Por lo que “no venderle la idea a Microsoft” se convierte en una pesadilla, ya que siempre supondrá perder dinero.
 
Pero no sólo perdemos nuestras mejores ideas, es que además, tenemos muy pocas. Esto se explica fácilmente indagando en el sistema de docencia actual.

Desde que somos niños

El gran problema de nuestro sistema educativo es lo poco moderno que es. Es algo lógico, pensando que cada vez que gobierna un partido político diferente, tiene que cambiar las asignaturas y el temario a su modo. Pero la esencia del sistema es siempre la misma. Los cambios se centran en pequeñas diferencias en cuanto a la asignatura de religión y que cuenta más o menos para la nota. Ningún partido (sea cual sea) se centra en hacer una reforma que se ve necesaria, no ya por la mejora del sistema educativo en sí, si no porque el propio sistema económico, productivo y social necesita un nuevo tipo de educación. 

La cuestión es clara, ¿A quién ascienden antes en una empresa? ¿Quién llega antes a ser un directivo? Pues por lo general, o el “pelota” de la empresa (lo que augura que la empresa irá mal) o quien es CREATIVO (en el sentido de que sabe dar soluciones originales a problemas reales). Y hemos dado con la palabra clave, el sistema educativo actual sigue un modelo más propio de la revolución industrial. Un profesor habla sobre un determinado tema, los alumnos escuchan y obedecen. Con esto, se consigue que la mayor parte de los alumnos estén poco estimulados en el aprendizaje, y se conviertan en máquinas bastante obedientes. Sí, obedientes. No piensen que los niños de hoy en día no son nada obedientes, al contrario, ¡los son más que nunca! Lo que pasa es que obedecen menos a los padres y a los profesores, pero más a los medios, lo cual es muy preocupante. Y para alcanzar el desarrollo hay que ser “rebelde”, “no hay progreso sin desviarse de la norma” como dijo Frank Zappa, al que citaré otra vez dentro de un rato.

Se habla mucho últimamente de meritocracia, a raíz de la ley educativa que plantea el ministro Wert. Si quieren beca, que se esfuercen y saquen más nota. Parece que es lo lógico, que el alumno que más nota tenga sea el que más merezca ser recompensado. Aunque creo que hay medidas mucho mejores para fomentar el esfuerzo por parte del alumnado, sin llegar al tema económico. Pero desde luego es de mayúscula hipocresía, llevar la meritocracia por bandera, cuando se financia más que nunca a centros privados donde no hace falta nota de corte para entrar, eso es todo lo contrario a meritocracia... Y también creo que no puedes comparar una nota media igual para todas las carreras, cuando hay tantísima diferencia de dificultad entre unas y otras.

Pero otra cosa que me resultó desagradable fue la crítica que hizo la izquierda a esta ley (muy criticable por otra parte). Desde la izquierda se hablaba de “igualdad de oportunidades” como algo opuesto a la “cultura del esfuerzo”. Es ridículo entender una cosa sin la otra. El sistema educativo va dando tumbos. Las reformas más izquierdistas pretenden, con la bandera de la igualdad de oportunidades, bajar el nivel educativo para que sea accesible a todos, y que todos puedan llegar al mismo nivel. Mientras que las reformas más derechistas tratan de segregar, de llevarse a los chavales con mayor rendimiento académico a “bachilleratos de excelencia” y el resto se quedan en un sistema anclado, obsoleto y sin futuro (“que se hubiesen esforzado” piensan algunos)

Ambas posturas son ridículas y terribles, estás limitando las capacidades de los alumnos enormemente y desechando quien no tiene “hábito de estudio” u “obediencia”. Seamos sinceros, si ustedes tienen más de 40 años se habrán dado cuenta que normalmente, quien era “el empollón de clase” no suele ser quien “más lejos” llega a nivel profesional, de su antigua clase. Que un niño no saque sobresalientes, no significa que sea idiota, o que el sistema educativo lo tenga que desechar. Es probable que un niño que no sea “sobresaliente” tenga otra aptitud y sea más creativo que muchos que sí lo son, y por tanto sea “más útil” para el sistema productivo (aunque creo que el valor no debería de residir en el aporte al sistema productivo, sino en el aporte al sistema social, mucho más importante).

En resumidas cuentas, lo lógico sería que desde pequeños, el sistema se centrara en fomentar el esfuerzo y la autosuficiencia personal y académica, algo que se ha perdido tanto (si es que alguna vez lo ha habido). Que la cultura del esfuerzo reine en el sistema educativo, pero no para disgregar al alumnado, si no para completarlos. Que sea una educación que se centre en los diferentes valores de cada uno. Que sea capaz de enseñarle a cada alumno a sacar lo mejor de sí mismo. ¿Por qué ningún partido político se plantea subir el nivel académico en los colegios e institutos? ¿Por qué ni izquierda ni derecha hablan de reformar la disciplina de magisterio y de convertirla en una carrera superior (en vez del hazmerreir de las carreras, como ahora)? ¿Por qué no se exige a los padres que participen en el sistema educativo? La respuesta a todas las preguntas es sencilla, no da votos. Las reformas educativas las hacen políticos, no autoridades en el campo de la docencia, como debería de ser. Pasa como cuando se amplía el metro, lo hacen políticos, no técnicos, y se lleva a donde más votos da, no a donde más falta hace. Por eso en Madrid la línea 10 llega a Alcobendas, retrasando el resto del sistema y aumentando la deuda de la comunidad en 800 millones de euros. Alguno pondrá el grito en el cielo diciendo “¡Defiendes un gobierno de tecnócratas!”, y es algo erróneo pensar que si los objetivos y políticas se estudian por técnicos y expertos se cae en la tecnocracia. Eso sí, los técnicos necesitan políticos que se centren en el interés social y respeten el individual (como debería de ser una democracia)

Desde aquí muestro mi rechazo frontal a la ley Wert, que pretende vendernos, como si fuera una mejora, algo que va a echar a muchas “vidas” por el retrete. Y esto está íntimamente ligado con “la fuga de cerebros”, que el ministro Wert aplaudía diciendo que “era positivo que los estudiantes españoles tuviesen experiencias en el extranjero”. Una gran mentira para tapar un “éxodo masivo” de nuestros trabajadores más cualificados. La ley Wert continúa (y empeora) el sistema que no se centra más que en “embutir” determinados contenidos en los alumnos. Y esto impide que haya “ideas” y que haya “cerebros”. LA PRINCIPAL FUGA DE CEREBROS/IDEAS NO ES A ALEMANIA TRAS LA UNIVERSIDAD, ES AL RETRETE TRAS LA PRIMARIA. Ahí, es donde perdemos más mentes brillantes, más ideas que podrían cambiar a la humanidad. Las perdemos en trabajos menores (¡ojo! Menores, pero igual de dignos que cualquier otro), por no tener un sistema educativo que saque a lo mejor de cada uno. Por tener un sistema orientado a “amaestrar ideológicamente” y a “complacer” mentes pequeñas y manipulables.

Para terminar con este apartado citaré no a un docente, si no a un músico, a uno de los mayores genios de la música popular del siglo XX, Frank Zappa. Que se intentó presentar a las elecciones para presidente de los EEUU (llegó a participar numerosas veces en el senado) con un programa donde su principal punto era un sistema educativo libre, completo, exigente y accesible, para garantizar que las personas pensaran de manera independientes y que trabajasen con ideas y conocimientos que llevaran al mundo a un lugar mucho mejor. La frase nos habla del sistema educativo actual, que no lleva a ninguna parte ni permite el desarrollo de “ideas”:

“Abandona la escuela antes de que se pudra tu mente por exponerla a nuestro mediocre sistema educativo. ¡Olvídate del título y ve a una biblioteca si tienes las pelotas bien puestas! Algunos de ustedes parecen robots de plástico a quienes les dicen que leer” Frank Zappa

“Adiós mi España querida….”

Los mejores genios tienen un destino muy claro, los EEUU. Pero, ¿es el modelo a seguir? Su sistema educativo es mediocre y clasista, solo equiparable al de la Inglaterra de Thatcher y al de la Comunidad de Madrid dentro de muy poco. Lo compensa haciendo una fuertísima inversión en investigación superior, y en el enorme flujo económico de manos privadas que entran en los principales centros universitarios.

La gracia de EEUU no es esa, ni mucho menos. Lo bueno es que en EEUU sí que se sabe por parte de las empresas, que la innovación, las ideas y la inteligencia son un factor de progreso (bueno, ellos lo ven más como un factor para “hacer caja”). Esto, unido a las escasas trabas administrativas, hace que en EEUU se pueda cumplir el sueño americano… bueno, a medias…  Sólo si vienes de clase media-alta… y si eres de “determinadas razas”…  Pero que el estado no falle a favor de las grandes empresas (ni de las pequeñas, ni de nadie…) si que permite la posibilidad de salir a flote con una idea. En nuestro país, el favoritismo descarado que se le da a Repsol/Telefónica/Santander (el trío calavera) impide cualquier progreso en cualquier otro campo. Estas empresas se han hecho grandes absorbiendo a otras iberoamericanas que el estado Español tuvo la “amabilidad” de regalárselas. Los perjudicados, los de siempre, nosotros.

Como futuro emigrante, es casi imposible determinar una alternativa a “fugarse con su cerebro”, estando las cosas como están. Y es una cosa que va a peor. Ya no se van sólo los mejores, se van todos los que logran tener una cierta titulación (y muchos que no, también). Sin ellos, el destino de nuestro país es ir a la deriva, con multinacionales que apenas pagan impuestos, que no apuestan por la innovación, que explotan a cientos de trabajadores,… Es muy probable que otras empresas de fuera, que innoven, crezcan mucho más y “el trío calavera” acabe cayendo. Y ya nuestro pequeño margen de competitividad a nivel mundial desaparezca. Es algo de lo que no se habla, pero si llegamos a esos puntos de obstrucción y estancamiento del sistema económico, puede que lleguemos a un punto de crisis de “no retorno” (al que nos acercamos con tantísimo recorte y tan poca inversión y crédito)

No sólo no nos enseñan a tener ideas, si no que las pocas que tenemos, no nos la dejan llevar hacia adelante. Si no se estimula a la población (clase media y baja) a que también invierta, a que ponga sus ideas y apueste por el progreso económico, no podremos tener un sistema competitivo. La alternativa con la que sueñan todas las noches la OCD y la mayoría de dirigentes del PP, de reducir los salarios al mínimo para ser competitivos económicamente, no sirve de nada. Supone ponerse a la altura de Bangladesh, que lleguen empresas extranjeras a dar empleo precario. Eso no permite desarrollar a ningún país, ni crecer a nadie. La otra alternativa que proponen sindicatos y dirigentes de IU, supone una debacle. No hay que “acabar con los privilegios de los empresarios”, la mayoría de los empresarios no tienen privilegios, las “pasan putas” para llegar a fin de mes, y encima están dando trabajo y generando economía. La mayoría de empresarios tiene un pequeño o mediado negocio, y muchas ideas con las que podría salir adelante y generar más riqueza. Si acabamos con ellos, acabamos con todo.

Llegamos a un punto de debate ya muy clásico, la barrera entre empresarios y obreros, identificados con la derecha y con la izquierda. Eso es ridículo y absurdo. El objetivo tendría que ser borrar la barrera, a base de integración. Que los obreros tuvieran acceso a invertir y a emprender si lo desean. Que participen en una empresa. Si en una empresa los trabajadores tienen participación, se esfuerzan más y la empresa va mejor, tienen ideas y las presentan para marcar la dirección de la empresa ¡Este es el secreto de Google! Sus trabajadores están muy mimados porque saben que así aportan mucho más a la empresa. Es algo que nos parece  de otro planeta, pero es así. Trabajadores más contentos y satisfechos, más vocación en la empresa, y más beneficios para la empresa.

En resumen general. Tenemos que evitar que se vayan nuestras mejores mentes, pero también nuestras mejores ideas. Con un sistema económico con menos trabas para las empresas dedicadas a sectores de investigación en innovación, estas pueden aspirara a progresar y ser competitivas en el mercado internacional (si quieres destacar en el mercado puedes competir por calidad, alcance o precio; compitamos por calidad en vez de por coste, que sólo se puede bajando salarios). Con un buen sistema educativo que sepa fomentar una competitividad no discriminatoria y un desarrollo de la creatividad y otras aptitudes de cada individuo, conseguimos el mayor desarrollo posible de cada persona y su aporte al sistema productivo será mucho mayor (y lo que es más importante, su aporte a una mejora se la sociedad en su conjunto). Con un sistema que fomente la colaboración y la participación en el tejido empresarial a inversores menores y trabajadores, conseguimos empresas más fuertes, con mejores ideas para competir en el mercado,  reduce las desigualdades económicas entre la población y lo mejor…

… permite que muchos “cerebros” se queden en un país en el que libremente pueden desarrollar sus “ideas”



 Escrito por RyR para el blog Las Dos Sombras

lunes, 1 de julio de 2013

Dogmatismo y escepticismo (I)


   ..Probablemente hay pocas cosas justificadamente más risibles que la popular exclamación de que, al fin y al cabo, `creer´ en la ciencia es como la fe religiosa, como un mero cambio de ídolos, como mudar a una nueva confesión; en suma: que la actitud “científica” es tan intelectualmente respetable como la fe religiosa.
Esto me irrita sobremanera, para empezar (y ya seguiremos otro día), porque yo sé, como decía algún que otro por ahí, que si un día se encuentra un fósil de gallina entre los estratos del precámbrico, sabremos que la actual teoría de la evolución falla en algo crucial; o si un día encontramos un electrón que tiene espín entero, afirmaremos que algo va muy mal con la teoría cuántica. Ésa es la grandeza de la ciencia: la búsqueda honrada e incansable de la verdad. Con esto no quiero decir que el poder falsar sea la única característica fundamental de la ciencia, pues también hay otras maneras de hacer ciencia, pero esta característica eventualmente presente, no necesaria pero si suficiente para afirmar que un conocimiento pueda tener algún valor, me sirve para enlazar con lo siguiente:

    ...Y es que con las religiones ocurre ocurre algo muy peculiar: ya pueden ir cayendo todos los dogmas y convirtiéndose (¡qué espectáculo!) las verdades en metáforas, que las creencias irracionales persistirán. “Dios” no es más que una hipótesis metafísica no falsable, que ni tiene poder predictivo ni, a la luz de la ciencia, poder explicativo. No necesitamos a Dios. Dios ha muerto, pero no sólo en sentido nietzscheano –esto es: no solamente ha muerto en el sentido de que su papel social y moral se ha visto debilitado profundamente-; sino que Dios no es ya sino un apéndice absurdo en el conocimiento humano: ningún paradigma reclama la figura divina, pues ésta no es necesaria ni útil en ningún sentido. Ningún poder cognoscitivo tiene esta triste hipótesis que, en 2000 años, no nos ha legado más que mentiras que la ciencia y la razón han tenido que ir convirtiendo con destreza en lo que ahora son: cuentos, ideas, recuerdos, metáforas.
Caballeros y caballeras, damos y damas: la ciencia y la religión SÍ son incompatibles. Y esto es así por, básicamente, dos motivos:
1º La ciencia ha demostrado sobradamente que es corrosiva para el pensamiento religioso. La ciencia ha desmontado historietas como la de Adán y Eva o como el geocentrismo (no entraré en detalles ahora)
2º Abrazar la fe religiosa supone adoptar una postura manifiestamente anticientífica. Es dar la espalda al método científico y a la claridad de pensamiento para pasar a estar convencido de unas afirmaciones sin base empírica ni sustento racional.
De este modo, estoy atacando explícitamente a todos los que a lo largo de la historia y ahora han pretendido que ciencia y religión sean compatibles. Por supuesto, es físicamente posible que alguien sea científico y sea religioso a la vez, pero cuando afirmo la incompatibilidad de ciencia y religión me estoy refiriendo, obviamente, a lo opuestas, antagónicas, irreconciliables y contradictorias que son la mentalidad científica y la actitud religiosa. La mentalidad científica es la de alguien que intenta comprender el mundo, que lucha por saber en la medida de lo posible qué es todo esto, en qué consiste el cielo estrellado sobre su cabeza o qué es la vida. La mentalidad religiosa afirma cosas radicales, importantísimas, acerca de la realidad que nos envuelve, pero no sigue para ello ningún método demostradamente válido. Por tanto, desde la religión se llega a mentiras que nublan nuestra visión del mundo y nos entorpecen, pues están contaminando nuestros conocimientos. 

    La ciencia es, probablemente junto al arte, la mejor producción humana, y eso se manifiesta tanto en nuestra comprensión actual del universo y la vida como, de forma más material, en las civilizaciones tecnológicas -que no son más que un momumento a la ciencia. Pero, aunque contamos con esta extraordinaria ciencia, de inmenso poder ya demostrado, para tener una mentalidad científica faltan algunos ingredientes: falta extraer las formas y principios básicos que rigen cómo se establecen los conocimientos científicos para llevarlos por fin a nuestras vidas y consideraciones más mundanas, con el fin de que finalmente podamos alcanzar una visión, siempre aproximada e incompleta, pero al menos no ya contaminada y cada vez más rica, de qué es todo esto.  Estas formas y principios básicos se dejan ver en la filosofía del método científico, cuya naturaleza es escéptica y antidogmática. En mi opinión, gran parte del progeso humano irá ligado a que podamos crecer como seres más racionales, escépticos, críticos y más capaces de pensar con paciencia antes de hacer juicios sobre las cosas que nos rodean.

Escrito por SP para el blog Las Dos Sombras

lunes, 24 de junio de 2013

La Ley de Servicios Profesionales y la Arquitectura


En Enero de 2013 se filtraron a la prensa unos documentos del Ministerio de Economía sobre un borrador de una nueva Ley que pretende reformar las competencias de distintos campos profesionales. Dicho documento, conocido como Ley de Servicios Profesionales (LSP de ahora en adelante) parte con el objetivo de liberalizar las competencias profesionales de ciertos sectores productivos, previendo que con ello el mercado se agilice y disminuya el paro, que en España ya alcanzan cifras astronómicas.


Los sectores más afectados son los farmacéuticos, los abogados y los arquitectos.

Profesionales competentes relegados

Me voy a centrar en el campo de la arquitectura, porque es mi campo y es del que más conocimiento tengo. Aún así quisiera hablar primero en términos generales. En una sociedad de libre mercado, lo lógico es que haya competencia, y que esta propia sea la que regule un mercado que tiene que luchar por progresar, ya que esta es la única forma de sobrevivir. Pero el problema surge cuando el mercado se torna en una competencia agresiva y desmedida. Habrá quien respalde un sistema más liberal y competitivo, que cada uno “se las apañe” y se esfuerce para que así llegue a donde quiera. Personalmente, no soy partidario de un sistema que no tenga una regulación estatal, un “anarco-capitalismo”. Sin un organismo regulador que no persiga el lucro, los individuos pueden querer progresar personalmente a costa de otras personas.

Dejando a un lado la teoría, el tema de la liberalización y los profesionales supone que en mercados que hasta ahora estaban controlados por un número de especialistas formados adecuadamente para su trabajo, se deje entrar a multinacionales, que aunque también persiguen el lucro, logran un sistema de control en el que es imposible hacerles frente como empresario pequeño o mediano. Esto, ¿qué tiene que ver con la LSP? Que miles de farmacias van a tener que cerrar. Multinacionales entraran en juego con unos precios pactados con las farmacéuticas y dejará a los actuales farmacéuticos propietarios de una farmacia como unos cajeros de supermercado. Es ridículo, incluso dentro de un capitalismo liberal, que los organismos reguladores se pongan de parte de las grandes multinacionales, en vez de ponerse de lado de los empresarios pequeños y medianos, para que entren en el juego, puedan competir, y generen mayor progreso y riqueza (además, esta supone una riqueza más repartida y equitativa, salvando las desigualdades)

¿Qué pasa con los Arquitectos?

El caso de los arquitectos es un caso muy particular. Hasta ahora tenemos competencia en edificar edificios del tipo A (residencial, docente, sanitario, religioso, administrativo y empresarial) y del tipo B (infraestructuras y edificios industriales). Los ingenieros tienen competencias también en las edificaciones de tipo B, pero con la nueva ley, podrán construir las del tipo A. Esto supone, que la competencia entre arquitectos, que ya es mortal, se sume la de los ingenieros que entiendan de estructuras de edificación. Muchos dirán, pero si entienden de estructuras, ¿por qué no iban a poder realizar proyectos de edificación? Y es en ese momento cuando uno se da cuenta de lo mal entendida que está nuestra profesión. Claro, que esto sí que es culpa nuestra.

Los profesionales de la arquitectura hemos estado con las espaldas bien cubiertas en nuestro país. Una ingeniera de telecomunicaciones me dijo una vez que los arquitectos en España éramos “poco menos que Dios” ya que tenemos competencias para prácticamente todo: proyectos, estructuras e instalaciones. Además de competencias para estudios de sonoridad, gasto energético, temas de urbanismo (donde casi siempre capitaneamos equipos multidisciplinares), peritos judiciales, restauradores, paisajista, diseño interior, diseño industrial, jardinería,… He dado una buena lista, y sin embargo hay un 25% de parados entre los profesionales (una cifra que desgraciadamente, se dispara al 30% en el caso de las mujeres arquitectas, y 60%  si hablamos de arquitectos jóvenes). Si se aprueba la LSP nuestra competencia aumentará, los salarios bajaran y el paro aumentará (que es, claramente, lo que necesita España en estos momentos). Con esta enorme lista puede parecer fácil pensar “Han tenido mucho trabajo muchos años, ¡qué compartan ahora!”. Además de que en el sector de la ingeniería el paro no es, ni de lejos, tan abultado un 15% (sigue siendo, por desgracia, alto), el problema es que la gente no está concienciada de que podemos realizar tantas competencias porque estamos formados para ello. Se nos ha olvidado, con la crisis, que hace falta una nota muy abultada que ninguna ingeniería tiene para entrar en la universidad. Que arquitectura tiene 5 años de carrera (6 en el Plan Bolonia) y un PFC que para poder aprobarlo hacen falta 1 año mínimo (frente al resto de carreras, que en 3-4 meses se puede realizar). Que arquitectura es una carrera de casi 500 créditos (lo que suponen 5000 horas en la facultad) y un número muy superior de horas en casa para trabajar los proyectos, asignatura presente en toda la carrera y que requiere una dedicación prácticamente diaria.  Parece que se nos ha olvidado que tenemos 6 asignaturas de cálculo de estructuras (que en número de créditos, es algo muy superior a lo que muchos ingenieros tienen en sus carreras sobre el cálculo de estructuras), 4 asignaturas de instalaciones, 12 asignaturas relacionadas con el diseño, análisis y proyección de edificación. Estamos (muchos de nosotros) capacitados por encima de otros profesionales a los que se les van a dar competencias de forma muy gratuita. No contentos con esto, en nuestra formación, lo más complicado y donde más se hace hincapié es en la arquitectura en sí. Os preguntareis, a que se refiere este colerizado estudiante cuando dice “arquitectura en sí”. 

Nosotros no proyectamos edificios en el sentido estricto de “objeto construido donde se desarrollan actividades”, en toda la carrera se exige por encima de todo temas como la habitabilidad y el espacio, que es algo que ningún otro profesional sabe hacer (de hecho, ni siquiera muchos arquitectos saben hacerlo). Nosotros cuando empezamos un proyecto, no decimos “Hoy me apetece hacer un cubo de hormigón de color rojo, y los baños y habitaciones… ya se colocaran…” Todo lo contrario, los (buenos) arquitectos empezamos pensando cómo se van a sentir las personas que van a vivir/usar el espacio, he aquí la palabra clave. No somos constructores, somos “Creadores de ESPACIO habitable”. Cuando mi hermano con 10 años (yo empezaba la carrera) me preguntaba qué entendía yo por arquitectura, yo le respondía “La arquitectura es crear el contexto para la vida” ¡Eso es arquitectura! Saber hacer un dormitorio donde el ciudadano se siente cómodo, una cocina donde cocinar no sea un engorro, un patio donde se haya estudiado la luz solar y que te entre luz en invierno y sombra en verano ¡Eso es arquitectura! Crear una plaza donde los niños jueguen con fuentes de agua y se refresquen en verano, donde los abuelos paseen sin miedo y no se creen focos de marginalidad ¡Eso es arquitectura! Diseñar un hogar, no una casa. Diseñar un  lugar de intercambio cultural, no una mera escuela. Diseñar un lugar de ocio en contacto con la naturaleza, no un parque. Diseñar un lugar de encuentro de encuentro ciudadano, no solo una ciudad. Diseñar un lugar para dormir, para llorar, para enamorarse,… Diseñar un lugar para vivir, un contexto para la vida. Esto es algo que ningún profesional que no haya hecho 10 asignaturas de 12 créditos de proyectos puede lograr, y por lo que se ve, tampoco entender.

¿Culpa nuestra?

¿Por qué la gente no conoce cual es verdaderamente nuestro trabajo? ¿Por qué no se fía de nosotros como profesionales? No nos hagamos tampoco las víctimas. Han pasado cosas muy terribles que hemos tolerado y frente a lo que no hemos actuado, dentro de nuestra actividad y como nos hemos relacionado con otros.

No podemos defender nuestra profesión si no es con la ayuda del ciudadano no especializado en nuestras funciones. En ellos está el poder, no en nosotros. Si tenemos tan poca popularidad entre los no entendidos, es culpa nuestra. Bueno, más que nuestra, de “algunos de los nuestros”. El arquitecto ha quedado como un resto de un profesional de otros tiempos. No es que antes no hubiese ingenieros, es que ellos si han sabido modernizarse y actualizarse. Siempre han ido por delante, y nosotros siempre hemos sido más tercos en actualizarnos. Ya nos pasó en la revolución industrial, cuando los ingenieros hacían puentes de acero y la torre Eiffel, nosotros seguíamos imitando las formas romanas en el Neoclasicismo (menos mal que llegaron los americanos, que son mucho más pragmáticos, y supimos ponernos al día).

Estos años se han permitido cosas terribles. Es falso creer que la “burbuja inmobiliaria” es culpa nuestra, o que nos hemos beneficiado de ella. En arquitectura como en otros campos hay “estamentos sociales”. Antiguamente era una profesión para ricachones bohemios, muy pocos la acababan, y los que lo hacían tenían estudios de arquitectura y trabajaban para ellos mismos. Posteriormente empezó a llegar gente nueva, de otros grupos sociales, con otras perspectivas. Pero los estudios seguían siendo los mismos, el negocio familiar que se pasaba de generación en generación. En la “época buena” los propietarios de los estudios se enriquecieron, mientras que los arquitectos “nuevos” pasaron a trabajar para ellos en un sistema casi esclavista.  

Durante la carrera de arquitectura se insta al alumno a que trabaje, a que se comprometa con su profesión hasta el final. Es algo que en mi opinión no hay que tomarse muy en serio. Pero en una carrera en la que hay que entrar con una media de sobresaliente, muchos son “absorbidos” por este espíritu de entrega hasta el final. Con los alumnos acostumbrados a trabajar a destajo, una vez acaban la carrera, pasan a estudios de prestigio con el convencimiento de que así “lograran llegar a ser los “Arquitectos-Estrella” que admiran”. No los que el público normal conoce, a los cuales odian (no sin razón: Calatrava, Torres, Bofill,…) si no a los “maestros en arquitectura” (actuales y no actuales). Es una vergüenza que se ponga como algo admirable que el (por otro lado genial) arquitecto Mies Van der Rohe abandonara a su familia para dedicarse por completo a su profesión.  Si a un niño recién llegado (con media de sobresaliente del instituto, y acostumbrado a “hacerle caso a la profe”) se le dice esto, unos cuantos caen en esta idea más propia de una secta.
¿Pero esto que tiene que ver? Que durante “los años buenos”, cientos de arquitectos han trabajado gratis y con unos horarios abusivos hasta que han llegado a los 30 años, se han encontrado la crisis y ya no les quieren ni gratis. Se han encontrado viejos, que nadie los quiere, y con poca experiencia en un estudio “de prestigio” dentro de un sector muy limitado. Pero, ¿a quién se iba a quejar? ¡Si los arquitectos no hemos tenido sindicato hasta hace 2 años! ¿De verdad hemos disfrutado de muchos privilegios? Pero aquí la culpa es en parte nuestra. Hay muchos más arquitectos de los que hacen falta, es verdad. Es una carrera conocida, que a los padres les llena de orgullo recomendarles a sus hijos estudiarla. El problema está, en parte, en que muchas universidades, sabiendo la altísima demanda que hay por parte de los jóvenes estudiantes, hacen caja con ello. Por eso se dan ejemplos como la Universidad Rey Juan Carlos, que en el año en que las deudas le atosigaban, empezó a ofrecer arquitectura, sabiendo que ya en la Politécnica de Madrid sobran la mitad. Pero hasta ahora no he visto ningún organismo oficial que se haya preocupado en regular las plazas que se ofertan en diversas profesiones. Esto genera una masa enorme de gente muy formada pero parada, que pasa en arquitectura y en magisterio (entre otros). Pero a ningún partido político parece importarle esto.

El gran público

La arquitectura, como ya hemos dicho antes, tampoco tiene simpatía entre el gran público. Nos ven como a gente muy “freak”, y tienen asociada la imagen de cultureta gafapasta que habla de su vivienda como su fuese una obra de arte. Es una asociación que la gente hace porque, en numerosos casos, es cierto. Si queremos que la gente normal nos apoye, que seamos profesionales respetados y que ningún gobierno (por mucha mayoría absoluta que tenga) se atreva a tocar nuestras competencias profesionales, hace falta que, simplemente, hagamos bien nuestro trabajo. ¡No somos artistas! La imagen de arquitecto artista incomprendido por la sociedad, como en la novela (y película) “El manantial” de la ultra-neoliberal Ayn Rand, está muy presente entre muchos profesionales. Es algo de lo que se mama desde la universidad. Frases como “la gente no tiene ni idea”, “el cliente se equivoca” o “lo importante es que a mí me interese” están presentes todos los días en las asignaturas de proyectos.

¡Cómo van a apoyarnos la gente a la que despreciamos! Por eso la gente se cree que entiende de arquitectura y nos ven poco útiles. Piensan: “mi salón ahí, y en este lado, el dormitorio. Ya no me hace falta arquitecto, solo necesito un ingeniero que me haga el cálculo para que no se caiga, que es lo que no sé”. La gente común cree que sabe hacer nuestro trabajo porque no lo entiende, y no lo entiende porque nos hemos despegado completamente de ellos. Buscamos desesperadamente un “mecenas” y no un cliente. Nos falta el punto de vista empresarial y pragmático, y no tendremos ningún futuro si no nos olvidamos que no somos artistas, que somos PROFESIONALES, que saben hacer bien un trabajo muy difícil y complicado, solo al alcance de alguien competente. Por eso Zaha y Calatrava han generado admiración entre la gente no entendida, ven lo “raro” de las formas y dice “yo no sé hacer eso”. Tenemos que lograr que la gente piense  eso de nosotros “yo no sé hacer eso” (aunque a diferencia de Zaha o Calatrava, nosotros tenemos que hacerlo bien)

¡Ojo! No estoy diciendo que la arquitectura no sea un arte. Solo digo que esta a otro nivel. Lo que creamos no es arte puro, pues creamos objetos que son necesarios para la vida (a un nivel más básico, la gente necesita más una casa que una canción o una pintura). La verdadera esencia de la arquitectura no es la creación de un objeto que genere un estímulo emocional, sino la creación de un lugar que “reciba” esa emoción y la albergue.

Para muchos de vosotros, estas palabras se quedaran en un cúmulo de intenciones, y dirán “Eso del lugar donde emocionarse es una chorrada. Lo importante de una casa es que no se caiga y ese bien hecha” Por supuesto que es fundamental que no se caiga y que este bien ejecutada, es lo más importante, pero no lo único. Una industria (que un ingeniero puede actualmente ejecutar) cumple con estos dos requisitos. Pero con ninguno más (salvo excepciones, hechas con la colaboración de arquitectos). Aunque algunos como el Presidente del Colegio de Ingenieros de Valencia, que aseguró hace un par de días “Que la diferencia entre una fábrica y una vivienda era el número de ventanas”, no le importaría en absoluto que la arquitectura se perdiera.

Si de verdad sigues pensando que es algo fácil, he aquí un problema de 3º de carrera. Ejecuta una vivienda de tres dormitorios, en Córdoba, dos baños, cocina, salón y estudio en la siguiente parcela. Teniendo en cuenta que está entre 3 medianeras, las normas urbanísticas te impiden hacer sótano y más de dos alturas (por estar en un centro histórico) Teniendo en cuenta que la madre es fanática de los patios de flores cordobeses y el padre colecciona 1000 VHS de Kun Fú de los 80. Si de verdad eres capaz de hacerlo bien, manda tu solución a lasdossombras@gmail.com

¿Sigues pensando que puedes? He aquí uno de 4º: Ejecuta un estudio del barrio de Lavapiés en Madrid, y una vez estudiado sus problemas, plantea una solución, para los problemas del barrio, a nivel constructivo y detallado, con una estimación del cálculo estructural a ejecutar.

En resumen, tenemos que olvidar aquello de que somos “Dioses” o “Artistas incomprendidos”. Y aceptemos que somos profesionales, que un cliente con una necesidad nos contrata y que tenemos que dar lo mejor de nosotros para que el usuario sea feliz y esté contento con haber realizado la inversión. Que piense “¡Qué bien he hecho en contratar a un arquitecto!”

 Urbanismo, el modelo de trabajo a seguir

Hablemos ahora de lo que hasta el momento parecía “el enemigo”. Los ingenieros no es que sean mejores ni peores que nosotros, esto tiene que quedar bien claro. Ellos no van a salir beneficiados de la LSP. Todo lo contrario. Un promotor no es tonto, va a coger a un arquitecto para hacer una vivienda, que es el que sabe diseñarla. Entonces, ¿por qué criticar la ley? Porque lo que sí que va a cambiar es la competencia, habrá más competencia, y donde hay mucha competencia (como ya ha pasado con la arquitectura en estos años) ya no se compite por calidad o tipo de servicio, se compite por precio (¡hay que estudiar un poco de economía y empresariales señores arquitectos!) y eso es lo peor que se puede hacer. Se entra en un bucle del que es muy difícil salir y se alcanzan verdaderos niveles de miseria, como los ya citados antes ¡Viva la competitividad no regulada!

El gobierno está comprometido con llegar a mayor nivel de libertad profesional y de mercado. Pero esto no entra en las imposiciones de Bruselas, porque esto no se hace (ni se va a hacer) en ningún lugar de Europa. Ni siquiera en EEUU, el país liberal por excelencia, se permiten estos sueldos entre los arquitectos, pues allí los colegios profesionales imponen un sueldo mínimo aceptable (bastante digno) en función de los colegiados para ejercer la profesión ¡Aquí hace 10 años que no se hace eso! Hablamos de liberalismo, pero sin embargo para hacer tu propia empresa cada vez hay más trabas administrativas ¿Liberalismo para unas cosas si y otras no?

En Europa el ingeniero conoce muy bien su trabajo, y el arquitecto el suyo. No hay competencia ni rivalidad ¡Es una tontería como un castillo! Muchos de mis mejores amigos son ingenieros/as, y son unos auténticos profesionales, muy competentes en su campo de trabajo (en el campo del cálculo de estructuras) y estos reconocen muy bien donde está su lugar. Una cosa es calcular una estructura, algo que ambos sabemos hacer (los ingenieros la mayoría de las veces, mucho mejor), y otra cosa es diseñar una vivienda, que tiene relación, pero no es, ni mucho menos, lo mismo, y que solo nosotros sabemos hacer.

La defensa de los arquitectos ha sido la de defender nuestra profesión porque nosotros “hacemos algo artístico” y algunos ingenieros han atacado diciendo que nuestro trabajo no sirve de nada y que ellos lo hacen mejor. Si continuamos con esta forma de defendernos, ¡vamos listos! Los ingenieros no son nuestros enemigos, son nuestros compañeros. Tenemos que defender todos juntos nuestras competencias profesionales, recordarles que ellos van a estar también perjudicados por la competencia, ya que un ingeniero de minas podrá hacer barcos, y uno naval, minas (¡y hospitales!). Todo se liberaliza y todos perdemos. Hablemos de apostar por lo que ocurre en Europa, y por lo que ocurre aquí en Urbanismo

En urbanismo ya hace años que entendieron en problema. Y aunque, desde Aznar, es una profesión que se ve como despreciable por los causantes de la “burbuja” y la crisis posterior, funciona en equipo como un reloj. Un urbanista, que al fin y al cabo es alguien que ha estudiado arquitectura, es un experto en diseñar y crear, pero también en dirigir, ya que es el único profesional que tiene conocimientos limitados en muchos campos. No somos los que más sabemos de jardinería, pero sí que sabemos algo, al igual que de estructuras, de física, de historia, de arte, de dibujo,… Hay un refrán que dice que somos como los patos, sabemos ir por cielo, tierra y agua, aunque todo con un poco de torpeza.

En urbanismo, el arquitecto coordina el equipo y supervisa otras decisiones, además de diseñar. Pero, él es consciente que el ingeniero de caminos también sabe del tema, y que sabe mucho más que él de carreteras y calles. Los dos son conscientes de que el sociólogo entenderá más de cómo se comporta o los modelos de vida de la población de una zona. Y todos comprende que el biólogo sabrá utilizar las especies más idóneas de árboles según lo que hayan observado o diseñado los otros profesionales. Se fomenta la cooperación, la comprensión y el respeto hacia los otros profesionales
Pongamos esto como ejemplo. Con retórica y más “ego” no vamos a defender la profesión ante los medios, que son los que nos tienen que apoyar para que el ministerio dé marcha atrás. Defendamos la arquitectura y la profesionalidad de los trabajadores competentes con más profesionalidad y recuperando el compromiso social y humildad que la arquitectura tuvo y que nunca debió perder. Hagamos que todo el mundo entienda que sólo alguien que entiende de arquitectura es lo suficientemente capaz de establecer “contextos para la vida”


Escrito por RyR para el blog Las Dos Sombras 


Léase tambien: https://nmas1.wordpress.com/2013/07/01/sobre-el-verbo-mentir/

Si desea firmar la petición hecha desde colectivosarquitectura pinche aqui:
 http://www.colectivosarquitectura.com/page/firmas-contra-la-ley-de-servicios-profesionales


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